México: Entre la Memoria y la Indiferencia
miercóles 23 de julio de 2025
A lo largo de la historia del México moderno, hemos atravesado diversos periodos de gobierno que no han logrado responder de manera efectiva a las exigencias ni a las expectativas de la ciudadanía. Durante más de siete décadas, prevaleció la hegemonía de un partido que consolidó un régimen autoritario, priorizando intereses particulares y permitiendo el saqueo sistemático de los recursos nacionales sexenio tras sexenio. Con el inicio del nuevo milenio, en el año 2000, surgió una legítima esperanza de cambio; sin embargo, dicha transformación nunca se materializó. Las decisiones equivocadas y la falta de visión llevaron al país de regreso al antiguo régimen, repitiendo así los errores del pasado y renovando las mismas desilusiones que marcaron generaciones anteriores.
Posteriormente llegó lo que se presentó como un cambio auténtico: el denominado Movimiento de Regeneración Nacional. Un proyecto político que, con un nombre sugestivo y encabezado por un líder carismático, prometía erradicar las malas prácticas del pasado, desmontar el régimen corrupto y poner fin a los privilegios de unos cuantos. Sin embargo, esa promesa pronto se reveló como un espejismo. En lugar de una transformación real, lo que se consolidó fue una reedición del viejo régimen que gobernó al país por más de setenta años, aunque ahora encabezado por actores políticos que, en su momento, fueron marginados u olvidados dentro de aquel mismo sistema: los relegados, los resentidos, los excluidos. Lejos de romper con el pasado, se reactivaron las viejas prácticas, se perpetuaron los fraudes, se renovaron las falsas esperanzas y se multiplicaron los actos de saqueo, todo ello bajo el amparo de una impunidad profundamente arraigada.
Es importante subrayar que esta reflexión no tiene como propósito hablar bien o mal de un gobierno, partido o figura en particular. Lo esencial aquí es reconocer la gravedad de nuestra realidad. El país atraviesa una profunda crisis institucional: la corrupción y la impunidad han tomado el control de muchos espacios del poder público. Aquello que los actuales actores políticos denunciaban con vehemencia en el pasado, hoy lo justifican, lo replican e incluso lo perfeccionan. Nos mienten. Nos manipulan. Y nos compran.
Los programas sociales, las becas y los subsidios que deberían ser herramientas para garantizar derechos y reducir desigualdades se han convertido en instrumentos clientelares, en una versión moderna del “pan y circo” de la antigua Roma. Hoy, como entonces, México arde. Y, al igual que en Roma, el Estado sufre mientras gran parte de la población permanece en silencio, sin advertir que tarde o temprano tendrá que pagar el alto costo de su indiferencia.
No se trata de convencerte ni de decirte por quién votar; esa es, y debe seguir siendo, exclusivamente tu decisión. Lo verdaderamente importante es que empieces a mirar con ojos críticos, que reflexiones y dejes de lado la apatía. Observa con atención lo que ocurre a tu alrededor: en tu colonia, con tus vecinos, tu familia, tus amistades. Piensa en la inseguridad que vives, la escasez de empleo digno, el deterioro de los servicios de salud, la precariedad en la educación, el abandono de las calles, el alza en los precios de la comida, el estado de tus espacios públicos, tu calidad de vida.
Pregúntate: ¿Realmente esas becas lo justifican? ¿Ese subsidio compensa todo lo demás? ¿Vale la pena que te quiten recursos por un lado para entregarte limosnas por el otro, con el único fin de mantenerse en el poder?
Haz una pausa. Reflexiona. Dedica al menos quince minutos al día para informarte, para leer, para mirar tu entorno. Pregúntate con honestidad: ¿realmente deseas este país así? ¿Este tipo de gobierno? ¿Realmente crees que tu dignidad vale una beca?
Solo observa el comportamiento de quienes hoy ostentan el poder. Recuerda sus palabras cuando eran oposición, sus críticas a los gobiernos anteriores... y compáralas con sus actos en la actualidad. La historia está ahí, basta con mirar atrás para no repetir los mismos errores.
La elección es tuya: reflexiona, actúa con responsabilidad o, simplemente, asume las consecuencias de tus decisiones. Porque, al final, el destino de este país no se define solo en las urnas, sino en la conciencia de cada ciudadano.
IBARRA MARÍN ABOGADOS
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Julio 2025