EL DIVORCIO INCAUSADO NO BANALIZA EL MATRIMONIO: LO VUELVE HONESTO, EFICIENTE Y CENTRADO EN DERECHOS


miércoles 30 de julio de 2025

En la Ciudad de México, cada vez más personas están optando por una vía legal para concluir su vinculo conyugal que, lejos de desnaturalizar el matrimonio, lo moderniza y lo vuelve más humano: el divorcio incausado. Esta figura, también conocida como "divorcio exprés", ha dejado de ser una novedad y se ha convertido en la regla procesal para quienes buscan cerrar una etapa vital sin la exigencia de justificar su decisión ante terceros.

Contrario a lo que algunos sectores aún sostienen, el divorcio incausado no debilita la institución matrimonial. Al contrario, la fortalece al reconocer que nadie debería estar obligado a permanecer en un vínculo que ya no desea sostener, sin tener que demostrar “culpa” ni transitar por un juicio contencioso innecesario, desgastante y costoso. En otras palabras, este modelo judicial no destruye la familia; la desjudicializa en lo que no requiere conflicto y centra el litigio en lo verdaderamente relevante: la custodia, los alimentos, el patrimonio y el interés superior de niñas, niños y adolescentes.

La fuerza de los datos

En 2023, un poco más de la mitad de los divorcios tramitados en la Ciudad de México fueron incausados, de acuerdo con cifras del INEGI. En 2022, el porcentaje fue incluso mayor: más de dos terceras partes. Esta tendencia no es ocasional: responde a una evolución jurídica de la voluntad, la dignidad de las personas y la simplificación procesal.

Gracias a su incorporación en el artículo 266 del Código Civil local en 2008, el divorcio sin expresión de causa ha permitido a miles de personas reorganizar su vida afectiva y patrimonial con mayor claridad, rapidez y menor desgaste emocional. Lo que antes implicaba meses de juicios, pruebas, testigos y reproches públicos, hoy puede con buena asesoría resolverse en semanas.

Un modelo que responde a la realidad

El promedio de quienes se divorcian en México son personas en plena vida productiva, muchas con hijos pequeños, compromisos económicos, y una necesidad legítima de cerrar capítulos sin quedar atrapadas en laberintos judiciales.

Este modelo también ha favorecido esquemas más colaborativos. Al eliminar la necesidad de probar quién tuvo la “culpa del fracaso matrimonial”, las partes suelen estar más abiertas a negociar convenios integrales que regulen temas clave como guarda y custodia, régimen de convivencias, pensión alimenticia y distribución de bienes.

El proceso no está exento de requisitos ni de control judicial: el juez revisa que se cumplan las formalidades, que el convenio proteja debidamente a las y los menores, y que no existan vicios del consentimiento. Pero en lo esencial, el mensaje es claro: cuando el amor se acaba, el derecho no debe obstaculizar la libertad, sino facilitar una salida responsable; el divorcio no es un fracaso, es la oportunidad de comenzar una nueva etapa en la vida.

Ni automático, ni trivial: el divorcio incausado exige seriedad

El divorcio incausado no es un trámite automático. Requiere una propuesta de convenio clara, asesoría legal sólida y, en muchos casos, acompañamiento emocional o terapéutico. También exige un enfoque especializado para evitar acuerdos desventajosos o incompletos, especialmente en lo patrimonial.

Tampoco debe utilizarse de forma inconsciente cuando hay antecedentes de violencia familiar, económica o psicológica, pues su agilidad no suple la necesidad de medidas de protección y reparación en favor de las víctimas.

En el fondo, el divorcio incausado no es la causa de la ruptura; es su consecuencia legal natural. Y en ese sentido, representa una victoria de los derechos civiles frente a los modelos morales obsoletos.

Cerrar con dignidad, no con culpa

En tiempos donde el derecho y la dignidad personal ocupan un lugar central en la narrativa jurídica, el divorcio incausado constituye una herramienta congruente con nuestra realidad social. No es perfecto, ningún proceso judicial lo es, pero sí ofrece una salida viable, ordenada y menos destructiva para quienes necesitan cerrar un ciclo de vida sin retener estructuras que ya no les representan.

Negar la validez del divorcio incausado es ignorar no solo los números, sino también las historias humanas que hay detrás. En ese sentido, defenderlo no es defender la ruptura del matrimonio, sino el derecho a terminarlo sin violencia procesal, sin reproches y con plena conciencia de las responsabilidades que se mantienen, sobre todo cuando hay hijos.


IBARRA MARÍN ABOGADOS

Soluciones legales efectivas, experiencia y honestidad a nuestros representados


Fuentes citadas:



Julio 2025